
Hoy nos ponemos gorrito de fiesta para celebrar el cumpleaños de Hajime Kanzaka, creador de Slayers, una de las series más queridas entre los fans españoles. ¡Feliz cumpleaños, maestro!

Un debut por todo lo alto
Ha trascendido muy poco de la vida de Hajime Kanzaka, más allá de que se formó en la Escuela de Arte de Kobe (entonces todavía conocida como Academia de Arte Ashiya) y, como tantos otros jóvenes, tras sus estudios universitarios se incorporó al mundo laboral, pasando a integrar las filas de una planta de fabricación de una filial de Panasonic. En las idas y venidas en bicicleta, comenzó a esbozar una historia, dando forma a algunos de sus elementos, que terminarían materializándose en un borrador presentado a uno de los certámenes literarios (actualmente) más importantes de Japón en lo que respecta al género de fantasía: el Gran Premio Fantasía.
Corría el año 1989 y Kanzaka presentaba el manuscrito de Slayers a un certamen que, si bien en la actualidad es un premio de referencia dentro del género, en aquel momento daba sus primeros pasos convocando su primera edición. Creado por Fujimi Shobo, editorial especializada en novela ligera y manga bajo la órbita de Kadokawa, en sus primeras convocatorias fue un certamen de tremenda exigencia, y durante muchos años (incluido el primero) el Gran Premio quedó desierto. Aun así, un premio o una mención de honor en este certamen rápidamente se convirtió en una señal de prestigio en el sector.
Tal fue el caso de Kanzaka, que no recibió el máximo galardón, pero sí fue recompensado como talento novel con la publicación de la novela premiada. Y así comenzó el fenómeno Slayers.

Una saga de éxito
En enero de 1990 llegaba al mercado la primera novela ligera de Slayers, que sintetizaría las claves de un fenómeno que se había fraguado durante la década de los ochenta y que cristalizó durante los noventa para vivir un boom en torno al año 2000: las light novels.
Para empezar, la incipiente industria de las light novels era el contexto idóneo para desarrollar historias de ambientación fantástica de espada y brujería, como ya vimos en el caso de Record of Lodoss War. En aquella época, eran el medio natural para este tipo de ficciones que bebían de la fantasía desarrollada en occidente (en contraposición con las manifestaciones propias de la cultura japonesa, que se definían mediante otra serie de elementos), con lo que su contribución al desarrollo posterior del género en Japón fue fundamental.
Otro de los puntos fuertes era la construcción de unos personajes carismáticos y rompedores, mucho más naturales y verosímiles que los que solían aparecer en la literatura de entretenimiento y consumo, creados sin perder de vista los arquetipos y necesidades de sus roles narrativos, pero huyendo de estereotipos manidos. Lina Inverse, Gourry Gabriev, Amelia Wil y Zelgadiss Graywords, así como el amplio abanico de secundarios, suponían un soplo de aire fresco es un género que tiende a la grandilocuencia de una épica a veces excesivamente solemne.
Además, aunque en España no hayamos podido descubrirlo de primera mano (puesto que no han llegado traducciones oficiales de las novelas, aunque sí de los mangas), la primera novela de Slayers ya presentaba una tercera característica de lo que se convertiría en seña de identidad de las light novels: un lenguaje claro y sencillo, que no utiliza kanjis excesivamente complicados (ya que este tipo de publicaciones en aquel momento tenían como público principal adolescentes y jóvenes que podían no manejar todavía con soltura el repertorio de kanjis de uso habitual) pero que pone especial cuidado en la composición literaria. El estilo es fresco y, además, se caracteriza por ser más coloquial y cercano, más próximo a los diálogos del cine o los videojuegos que a los libros de narrativa para adultos.
Por último, también merece la pena destacar el trabajo de Rui Araizumi como ilustrador de las novelas originales. Sus ilustraciones estilo anime contribuyeron, por un lado, a fijar el aspecto canónico de los personajes, que con ligeras variaciones estilísticas se ha mantenido durante sus más de treinta años de existencia; por otro lado supusieron la asociación directa entre light novel e ilustración de estilo anime que se convertiría en característica de este tipo de publicaciones.

Cargada de nostalgia
Aunque fue trascendental durante los años noventa para terminar de configurar el modelo de explotación multimedial de Kadokawa, con la producción de animes, mangas y otros productos afines, el arraigo que ha dejado en la cultura otaku no ha sido tan profundo como el que esta serie tiene en España.
Y es que Reena y Gaudy, como se conoció por primera vez a Slayers en la parrilla televisiva española, supuso una revelación que marcó a varias generaciones, por su frescura y sus originales propuestas de fantasía, pero también por lo icónico y carismático de sus personajes principales. La serie llegó a La 2 en septiembre de 1998 con un arranque un tanto accidentado, ya que en un primer momento la serie se programó dentro del contenedor infantil del fin de semana, ¡Sábado fiesta! (emitiéndose también domingos y un festivo), antes de instalarse en la que fue su franja definitiva: de lunes a viernes a las 14:30h en la segunda cadena estatal (entonces todavía TVE2), como parte del programa Con mucha marcha.
La combinación de sus personajes, un tono algo más juvenil (frente al marcadamente infantil al que estaban acostumbradas las audiencias de la época) y la exótica música (un opening y ending cogidos de la temporada 2, Slayers Next, interpretados por Megumi Hayashibara, que descubrieron el j-pop a varias generaciones) lograron que rápidamente Slayers se hiciera un hueco en los corazones de los aficionados, convirtiendo a este título en una de las puertas de entrada por excelencia a la cultura japonesa en la España de los noventa.

Treinta años después, seguimos cayendo ante el embrujo de la hechicera adolescente más poderosa y sus pintorescos compañeros de viaje, todo gracias a Hajime Kanzaka y sus paseos en bicicleta yendo al trabajo. ¡Feliz cumpleaños, sensei!



