
La actriz del milenio cumple veinticuatro años. Y es que tal día como hoy en 2002 llegaba a los cines japoneses Millennium Actress, la segunda película de Satoshi Kon tras su espectacular debut cinematográfico con Perfect Blue.
Con su primera película, Satoshi Kon se había asomado a un mundo oscuro, mostrando la cara más amarga del mundo de las idols en un absorbente thriller en torno a Mima Kirigoe. Perfect Blue adaptaba una novela de 1991, y aunque en un primer momento Kon quería darle un tono más positivo, el resultado final destacaba por su crudeza y su retrato descarnado de la industria musical japonesa.
Así, aunque Millennium Actress originalmente iba a explorar otra faceta negativa de la relación entre ídolo y fan, pronto el proyecto se volvió luminoso y fue cobrando matices positivos, hasta convertirse en cierto modo en una respuesta de Kon a su obra anterior.

Una historia de amor (al cine)
Millennium Actress contaba la historia de Chiyoko, una veterana actriz retirada que concedía una entrevista a un periodista, Tachibana. Al revivir su vida delante de la cámara, los recuerdos de Chiyoko cobran intensidad hasta transformar la realidad en las películas que la actriz protagonizó durante su vida.

El personaje de Chiyoko se construía como trasunto de las actrices clásicas japonesas, particularmente, Setsuko Hara y Hideko Takamine. De la primera tomaba el aire angelical, la idealización absoluta y el abandono de la vida pública, mientras que la segunda inspiraba los inicios como actriz infantil y una carrera larga y versátil, así como un tormentoso matrimonio con alguien de la industria.

Desde su nacimiento durante el Gran Terremoto de Kanto (1923) y sus primeros papeles como actriz infantil en películas patrióticas en Manchuria, la vida de Chiyoko han sido sus películas, hasta el punto de que los límites de su propia historia se desdibujan y se mezclan con los argumentos, haciendo indistinguibles la realidad de las ficciones.
De esta manera, Satoshi Kon convertía la película en un canto de amor al cine, tanto al Cine como medio de expresión, como a la historia del cine japonés, en cuyos hitos se apoya para ir trazando la vida de Chiyoko.

El lado luminoso de ser fan
A diferencia de lo que ocurría en Perfect Blue, el personaje de Tachibana en Millennium Actress encarna la vertiente positiva de la relación entre un fan y su ídolo. Tachibana ha crecido viendo las películas de Chiyoko y la entrevista que sirve como arranque de la película es su oportunidad para conocer a la actriz que protagonizó muchas de aquellas obras y que dio forma a sus sueños de juventud.
A medida que Chiyoko da rienda suelta a sus recuerdos, Tachibana va adquiriendo un rol cada vez más activo como leal y fiel ayudante que, no importa en qué época, género o lugar, ayuda devotamente a la protagonista en su desesperada búsqueda.

Millennium Actress contribuyó enormemente a consolidar a Satoshi Kon como uno de los realizadores más interesantes del cambio de siglo, destacando no solamente en el ámbito de la animación (donde fue muy celebrado: tres nominaciones a los Premios Annie, Gran Premio de Animación en el Japan Media Arts Festival ex aequo con El viaje de Chihiro, Premio Orient Express en el Festival de Cine de Sitges, etc.) sino también como uno de los máximos talentos del cine japonés del momento.

En cierto modo, Millennium Actress supuso un espaldarazo para la carrera de Satoshi Kon, allanando el terreno tanto para sus siguientes largometrajes (Tokyo Godfathers, Paprika) como para su única incursión en anime televisivo (Paranoia Agent).
Y, desde el primer momento, Millennium Actress se convirtió de manera instantánea en un clásico para todos los amantes tanto de la animación como del cine japonés, una obra que nos apela directamente para recordarnos que, más allá de la técnica, del presupuesto, del mercado y de la industria, la magia del cine es ese impulso que nos lleva a vivir mil vidas en tan solo hora y media y a soñar delante de una pantalla.




